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domingo, 17 de mayo de 2020

LA TEORÍA DEL GERMEN REFUTADA (Parte1)
DEL SUEÑO Y LA MENTIRA DE LOUIS PASTEUR HACIA UN PARADIGMA DIFERENTE SOBRE EL CUERPO Y LA ENFERMEDAD








“Ya surge la necesidad de una solución más sensata para las enfermedades que los simples ataques violentos contra los microbios venenosos, y una explicación más completa de los procesos biológicos del crecimiento y la liquidación, de la vida y la muerte”.


¿BÉCHAMP O PASTEUR? Un Capítulo Perdido en la Historia de la Biología, de Ethel Douglas Hume; basado en un manuscrito del Dr. Montague R. Leverson, M.A., Ph.D. 1923 y con posteriores revisiones).


PASTEUR: PLAGIARIO, IMPOSTOR.  (o “el sueño y la mentira de Louis Pasteur”) la teoría de germen refutada. R. B. PEARSON.  Publicado por primera vez en 1942. 



Tal vez, el concepto de enfermedad hoy sería totalmente distinto, si los fundamentos de la ciencia y la medicina estuvieran más cercanos a lo que realmente es el cuerpo y lo síntomas, en lugar de haberse alejado a tal distancia de éstos, que hoy la visión guerrerista del mundo y de la enfermedad (que implica división y ataque a enemigos –reales o imaginarios) impide ver más allá de lo que los dogmas científicos y médicos nos han enseñado como verdades irrefutables. La percepción de los síntomas y enfermedades como ataques contra los que hay que luchar, provocados por causas externas a las que se trata como enemigos que hay que atacar y eliminar, nos separó de la visión de nuestro propio cuerpo como la unión e interacción de múltiples aspectos (físico, emocional, psíquico, espiritual), en constante interacción con el entorno (que a su vez es el resultado de la interacción de múltiples aspectos –físicos, químicos, sociales, políticos, culturales, etc.).

La negación del cuerpo como un todo está en la base de los fundamentos de la medicina y ciencia ortodoxas; esto ha implicado la desconexión del ser humano de su propio cuerpo, la subutilización de la habilidad de (auto) observación y del potencial de autosanación, gracias a la desconexión casi total del conocimiento ancestral sobre el cuerpo, sobre la vida, sobre el universo, etc. -individual y colectivamente, y al cual se ha ridiculizado, hecho a un lado y etiquetado como alternativo, con el fin de restarle valor en beneficio de los dogmas de la medicina/ciencia ortodoxas, que se ufanan de conocer más y mejor al cuerpo, aunque insisten en fragmentarlo, lo cual impide verlo en su integridad y comprenderlo realmente; y aunque se ufanen también de “descubrimientos” que otras medicinas con milenios de historia y sin los “avances tecnológicos” -que hoy se juzgan como imprescindibles para investigar y encontrar respuestas científicas, ya habían hecho, por medios que, al no ser los oficiales, se desacreditan, por no ser comprobables por los métodos positivistas.

Por ejemplo, aunque en la medicina ayurveda ya se sabía desde hace miles de años de la importancia el intestino en la salud general del cuerpo, y ha sido considerado como el “segundo cerebro”, esto era visto sólo una creencia sin evidencia científica, y sólo empieza a ser considerado como verdadero muy recientemente, debido a publicaciones “científicas” que se acreditan tal descubrimiento. Y los ejemplos sobre la obsesión oficialista de darle forma a las creencias, usando, tergiversando y enterrando información preexistente, abundan, en relación con medicinas, filosofías y enseñanzas antiguas/ancestrales.

Y esto, sin hablar del total desconocimiento del aspecto espiritual como fundamental en el ser humano y, por lo tanto, en el reconocimiento, gestión y sanación de síntomas y enfermedades.  El divorcio de la ciencia y la medicina con la espiritualidad sólo puede mantener a la humanidad dando vueltas en círculos alrededor de presuntos problemas que se intentan resolver sin tener en cuenta todas las variables.

La teoría de los gérmenes de Pasteur es una de esos pilares de la ciencia y la medicina que ha estado, desde el principio, al servicio de la concepción guerrerista de la enfermedad y de los intereses de quienes se benefician de esa concepción y de la ignorancia generalizada sobre el cuerpo y las enfermedades.

A continuación, se presenta un resumen con citas extraídas de dos libros en los que se hace una revisión de los orígenes de la teoría de los gérmenes que hoy reina, con el fin de dar a conocer las incoherencias y contradicciones que la rodean desde entonces, así como las alternativas que se han desechado y silenciado sistemáticamente.

Los libros son:




“Atacar la reputación de un hombre famoso es un asunto serio, especialmente uno que ha posado, y ha sido aceptado, como uno de los mejores científicos del mundo. Durante muchos años, Pasteur ha sido considerado como un fundador y un líder en serología; pero siempre es pertinente examinar los comienzos de cualquier asunto sobre el cual haya una diferencia de opinión, con la esperanza de encontrar la verdad del asunto.     El escritor ha hecho un esfuerzo en sus anteriores libros y folletos para mostrar que la teoría de los gérmenes es falsa, y que la enfermedad se debe casi siempre a errores de la dieta o de la forma de vida, los gérmenes están presentes únicamente como carroñeros de tejidos y alimentos muertos y de desecho, y no como la causa de la enfermedad.  

Las 5 Leyes Biologicas y la Nueva Medicina del Doctor Hamer. Andrea Taddei


Sin embargo, la creencia errónea de que los gérmenes causan enfermedad y deben ser controlados o eliminados antes de que esta pueda curarse está tan extendida que cierra la mente de muchas personas a cualquier otra idea sobre este tema. 

Por esta razón, parece ser necesaria una investigación exhaustiva de esta idea, de los argumentos en los que se basa, e incluso de la buena fe de aquellos que la pusieron en marcha, antes de que cualesquiera ideas sensatas sobre el adecuado tratamiento de la enfermedad puedan ser ampliamente promulgadas.

Cuándo el libro ¿Béchamp o Pasteur? de Ethel Douglas Hume apareció en 1923, parecía ser justo aquello que llenaría este vacío y terminaría para siempre con el uso de sueros y otros productos biológicos. Pero ahora ya han pasado 19 años desde que se publicó ese libro, que debería haber marcado una época en las artes curativas. No recibió la atención que merecía en los círculos médicos y, aunque ahora está en su segunda edición (publicado por la Liga Nacional Anti-Vacunación, Londres, Inglaterra) la profesión médica está fomentando los productos biológicos más fuerte que nunca.

Por consiguiente, parece apropiado repasar el tema para mostrar la verdad con respecto a la falsedad de las ideas de Pasteur y sus reivindicaciones de gloria, y la base fraudulenta sobre la cual descansa la teoría de los gérmenes, como lo mostró la Sra. Hume en su libro ¿Béchamp o Pasteur?, y agregar otros hechos y estadísticas que respalden la idea de que la teoría de los gérmenes es falsa, con la esperanza de que pueda recibir una circulación más extensa y una atención más generalizada, y posiblemente conducir a una revisión completa de la cuestión del tratamiento de la enfermedad, especialmente con respecto a la serología. (2)


Tras la muerte de Antoine Béchamp, la autora del libro, Ethel Douglas, recibe del Sr. Arnold Lupton (alguna vez miembro del Parlamento Liberal por Sleaford en Lincolnshire, Inglaterra), la propuesta de editar y publicar un trabajo del dr. Montague R. Leverson sobre Béchamp, tal como él le habría prometido a su amigo. Ella se dedicó a recaudar información con la familia de Béchamp, e hizo un examen minucioso de los informes de las reuniones de la Academia de Ciencias de Francia. Para esto, las autoridades del Museo Británico, pusieron a su disposición los enormes volúmenes de Comptes Rendues. (Nota del Traductor: Comptes Rendues son Las Actas de las Sesiones de la Academia Francesa de Ciencias. A partir de ahora nos referiremos a ellas como Las Actas).

En la introducción del libro de Hume:


“En Villeneuve l'Etang, no lejos de París, el 28 de septiembre de 1895, se produjo la muerte de un francés que fue aclamado como una rara luminaria de la ciencia, un benefactor supremo de la humanidad. Luto en todo el mundo, honores nacionales, pomposas exequias fúnebres, largos artículos periodísticos, tributos públicos y privados, todos asistieron al fallecimiento de Louis Pasteur. Su vida fue totalmente registrada; las estatuas conservan su aspecto; se le ha dado su nombre a un sistema, y han surgido en todo el mundo institutos que siguen sus métodos. Nunca la diosa fortuna ha sido más pródiga en recompensas como en el caso de este químico que, sin ser médico, se atrevió a pretender revolucionar la medicina. En sus propias palabras, el testimonio de los siglos venideros ofrece el verdadero veredicto sobre un científico y, adoptando la opinión de Pasteur y, con toda humildad, su audacia, nos atrevemos a encargarnos de buscar ese testimonio.




¿Qué encontramos?

 Nada menos que un capítulo perdido en la historia de la biología, un capítulo que parece esencial redescubrir y asignar a su lugar correspondiente. ¡Pues su conocimiento podría, primero, alterar toda nuestra comprensión de la medicina moderna y, segundo, demostrar que el extraordinario genio francés del siglo XIX fue en realidad otro muy distinto a Louis Pasteur!

De hecho, este sorprendente capítulo niega la creencia preponderante de que Pasteur fue el primero en explicar el misterio de la fermentación, la causa de las enfermedades de los gusanos de seda y la causa de la fermentación del vino; además, muestra que sus teorías de los microorganismos difieren en su quintaesencia de las del observador y verdadero autor, al parecer, de los descubrimientos a los que Pasteur siempre se ha referido.

Y así, dado que la Verdad es nuestro objetivo, nos aventuramos a pedir una consideración paciente e imparcial de los hechos que presentaremos en relación con el trabajo de dos científicos franceses, uno de los cuales es apenas conocido por la generación actual, aunque gran parte del conocimiento de esta provenga de él, mientras que el nombre del otro se ha convertido en una palabra familiar. 




Doce años y medio después de la muerte de Pasteur, el 15 de abril de 1908, falleció en una modesta vivienda del barrio estudiantil de París, un anciano de noventa y dos años. A su funeral asistió un pelotón de soldados, ya que el nonagenario, el profesor Pierre Jacques Antoine Béchamp, tenía derecho a este honor, pues había sido Caballero de la Legión de Honor. Por lo demás, a las silenciosas exequias solo asistieron dos nueras del difunto, varios de sus nietos, algunos de sus viejos amigos y un amigo estadounidense (el Dr. Montague R. Leverson). Ninguna pompa ni circunstancia en las ceremonias finales indicaban el fallecimiento de un gran científico, pero, después de todo, no sería la primera vez que los contemporáneos de un hombre descuidaban su valor. Más de un siglo antes, otro Antoine, cuyo apellido era Lavoisier, había sido asesinado por sus compatriotas, con el comentario: 

  “¡La República no necesita científicos!”

Y ahora, con escasa atención pública, fue depositado en su último lugar de descanso el cuerpo de un científico quizás aún mayor que el gran Lavoisier, ya que este otro Antoine, cuyo apellido era Béchamp, parece haber sido el primer claro exponente de los misterios fermentativos y el pionero del descubrimiento auténtico en el ámbito de la microscopía.

En el año en que murió, se necesitaron ocho páginas del Moniteur Scientifique (El Monitor Científico) para presentar una lista de sus trabajos científicos. Hacer una lista de sus títulos da una idea de los estupendos trabajos de su larga carrera:

v  Máster de Farmacia.   
v  Doctor en Ciencias.   
v  Doctor en Medicina.   
v  Profesor de Química Médica y Farmacia en la Facultad de Medicina de Montpellier.   
v  Miembro y Profesor de Física y de Toxicología en la Escuela Superior de Farmacia de Estrasburgo y Profesor de Química de la misma ciudad.   
v  Miembro correspondiente de la Academia Imperial de Medicina de Francia y de la Sociedad de Farmacia de París.       
v  Miembro de la Sociedad Agrícola de Hirault y de la Sociedad Linneana del Departamento del Maine y el Loira.
v  Medalla de Oro de la Sociedad Industrial de Mulhouse (por el descubrimiento de un proceso barato para la fabricación de anilina y de muchos colores derivados de esta sustancia).       
v  Medalla de Plata del Comité de Obras Históricas y Sociedades Ilustradas (por obras sobre la producción del vino).
v  Profesor de Química Biológica y Decano de la Facultad de Medicina de Lille. 

Títulos Honoríficos:

v  Oficial de Instrucción Pública.
v  Caballero de la Legión de Honor.
v  Comandante de la Rosa de Brasil.

Aunque su vida fue larga, puede parecer increíblemente corta si se la compara con una lista de descubrimientos fenomenales para la vida de un hombre. Y como tanto la historia de los fundamentos de la biología como la obra de Louis Pasteur están intrincadamente conectadas con esta extensa carrera, vamos ahora a esbozar un esquema de la historia de la vida de Antoine Béchamp. (3)

(…) “Desde el principio, Antoine Béchamp fue completamente indiferente a la ambición personal. Tampoco tenía un temperamento agresivo, ni hacía ningún esfuerzo por buscar personas conocidas e influyentes a quienes comunicar sus éxitos. Olvidado de sí mismo, se concentraba completamente en la Naturaleza y sus misterios, y no descansaba hasta revelar alguno de estos. Nunca se le ocurría vanagloriarse, y mientras los hechos de Pasteur se hacían del dominio público, Béchamp, encerrado en su laboratorio, estaba inmerso en descubrimientos que simplemente se publicaban en registros científicos sin ser pregonados con autobombo”. (4)

(…) “Puede que todas estas conclusiones aún no hayan sido adoptadas, pero al igual que ha sucedido con otras muchas de las enseñanzas de Béchamp, han llegado a ser generalmente aceptadas, ya sea por el trabajo independiente de unos, ya sea por los plagios de otros, por lo que es muy razonable esperar que su asombrosa concepción de los procesos biológicos de la Naturaleza fructifique en el futuro en más descubrimientos; por eso queremos que se garantice desde ahora el reconocimiento de su legítima paternidad.

Mostró que la célula ya no se debe considerar (como era el punto de vista de Virchow) como la unidad fundamental de la vida, ya que se construye a partir de los gránulos celulares de su interior. Aparentemente, fue el primero en llamar la atención sobre la unión de estos mismos gránulos celulares, a los que llamó microzymas, y sobre las agrupaciones de varillas que resultan, que ahora reciben el nombre de cromosomas.

(…) Tenía por método no sacar nunca conclusiones si no era sobre una base experimental segura”. (5)

(…) “Para el fisonomista, una comparación de las miradas de los rivales, Béchamp y Pasteur, da una clave para sus respectivas actitudes científicas. La determinación alerta es la principal característica de los rasgos de Pasteur; mientras que el idealismo intelectual es la de Béchamp. 

Pasteur se acercó a la ciencia desde el punto de vista comercial, es decir, desde el punto de vista utilitario, no menos ventajoso para sí mismo a pesar de que él pretendiera beneficiar al mundo.

Béchamp tenía la visión del artista. Su sed era por el conocimiento, con independencia de las ganancias; anhelaba penetrar en los reinos inexplorados de los secretos de la Naturaleza; se olvidaba del mundo exterior. Nunca se le ocurría elogiar a personas influyentes que conocía para acto seguido anunciar el nacimiento de una nueva idea. Las lecciones que aprendía en sus investigaciones las anotaba y comunicaba debidamente a la Academia Francesa de Ciencias, y al principio no hacía caso del hecho de que sus observaciones fuesen pirateadas. Cuando finalmente su silencio se transformó en protesta, veremos, a medida que avancemos, que su paciencia se colmó. Él, que era tan escrupuloso en su reconocimiento de cada migaja de conocimiento debida a otro, solo podía sentir desprecio por los ladrones de ideas de otros hombres, mientras que su energía y vigor exuberantes lo lanzaron con intransigente oposición contra quienes, no contentos con cosechar donde él había sembrado, pisoteaban con sus distorsiones una cosecha que podría haber sido tan abundante en resultados.

Fue durante los años que pasó en Montpellier cuando sobrevino su abierta ruptura con Pasteur, debido, como veremos más adelante, a la apropiación de este último de la explicación de Béchamp sobre las causas de las dos enfermedades que entonces devastaron a los gusanos de seda y arruinaron la industria francesa de la seda. Pasteur no podía eludir el hecho de que sus opiniones sobre el tema habían sido erróneas hasta que Béchamp proporcionó la solución adecuada, pero no se alzaron voces que condenaran los métodos del primero. Pasteur ya había ganado el oído del público y adquirido el patrocinio imperial. En todas las épocas, como descubrió Béchamp, es difícil cruzar espadas con los hombres influyentes.  (6)

(…) “Un anhelo se agitó para demostrar que, aunque despojada de territorio, Francia todavía podía dominar el mundo del pensamiento. Entonces, sucedió que, como estímulo intelectual, en diversos lugares se fundaron universidades bajo el patrocinio eclesiástico. Se esperaba que la Iglesia de Roma pudiese influir en las actividades intelectuales.

Lille era uno de esos centros, y alrededor del año 1874 Béchamp fue invitado a tomar allí el puesto de Decano de la Facultad de Medicina Libre. Algunos sabios amigos le aconsejaron que no se fuera de Montpellier; pero, por otro lado, fue bombardeado con súplicas para comenzar a trabajar en Lille. Finalmente, y debido enteramente a motivos patrióticos, se dejó persuadir para abandonar la Universidad de Montpellier y sus felices recuerdos de un trabajo exitoso. Su deseo altruista de beneficiar tanto a Francia como a la ciencia hizo que aceptara el cambio. Se mudó al norte con su hijo Joseph, este último fue nombrado profesor de Toxicología en Lille.

Todo podría haber ido bien si no fuera por los directores clericales de Lille. No entendieron la enseñanza de Béchamp ni sus implicaciones. Temían a las opiniones novedosas que en realidad eran lámparas, con las cuales la fe religiosa podría haber iluminado los misterios de la Creación. Aún en la oscuridad en cuanto a estos, los ansiosos prelados protestaron contra la exposición por parte del profesor de los microzymas, los gránulos celulares infinitesimales ahora conocidos como microsomas, o microzymas, que él consideraba los agentes formativos de las células que constituyen todas las formas, tanto animales como vegetales.

Fue trágico que su concepción pionera de los procesos de la Naturaleza fuera considerada no como una iluminadora antorcha, sino más bien como una peligrosa mecha que podría desencadenar una conflagración. En Béchamp se vio a un hombre que se había atrevido a investigar los métodos de la Naturaleza, en vez de resignarlos complacientemente a una fórmula trillada.

Pasteur, sin embargo, parece no haber caído nunca en falta con las autoridades eclesiásticas; en parte, tal vez, porque no entró en estrecho contacto con ellas, pero también porque, con su sabiduría mundana, se contentó con profesar el liderazgo en la ciencia y el discipulado en la religión; además, ¿no había ganado también un influyente mecenazgo?

La profunda visión de Béchamp le había enseñado la conexión entre ciencia y religión: la primera, una búsqueda de la verdad y la segunda, un esfuerzo por vivir a la altura de las creencias individuales. Su fe se había ampliado a una amplitud incomprensible para aquellos que incluso sugirieron el nombramiento de una comisión para recomendar la publicación en el Índice Romano de su libro “Los Microzymas, libro que culmina con la aclamación de Dios como la Fuente Suprema. Las enseñanzas de Béchamp se oponen directamente a los puntos de vista materialistas. Pero sus oponentes no tuvieron la perspicacia de ver que el Creador se demuestra mejor, comprendiendo las maravillas de la Creación.

Impaciente por las mezquinas disputas, como la mayoría de los hombres de alto intelecto, Béchamp se encontraba cada vez más en desventaja en un entorno en el que era malinterpretado e incomprendido. Tampoco fueron estas sus únicas preocupaciones. Estaba sufriendo los celos que había inspirado en Pasteur, y estaba resentido por el ataque público de este último contra él en el Congreso Médico Internacional de Londres, al que ambos habían asistido en 1881. Tal comportamiento por parte de un compatriota ante un público extranjero había cauterizado el espíritu sensible de Béchamp y lo había motivado a responder a los plagios de Pasteur. Como escribe en el prefacio de “Los Microzymas” (página 8): ‘¡Ya es hora de hablar!’”. (7)

(…) “Antoine Béchamp estaba realmente experimentando la rigurosa disciplina de la que habla el filósofo chino Mencio:

‘Cuando el Cielo exige de un hombre un gran trabajo en este mundo, hace que le duela el corazón, que se cansen sus músculos, que su estómago se vacíe y su mente se desilusione; porque estas experiencias expanden su corazón para amar al mundo entero y fortalecen su voluntad para seguir luchando donde otros caen por el camino’.

(…) “Hasta el final, su brillante intelecto no se vio afectado. Patriarcal en dignidad, siempre estuvo dispuesto a discutir teorías antiguas y nuevas y a explicar sus propias ideas científicas. Aunque la tristeza y la desilusión le habían robado su alegría natural, no estaba de ninguna manera amargado por la falta de reconocimiento popular. Sintió que su trabajo resistiría la prueba de la investigación, que gradualmente su enseñanza se probaría verdadera y que el veredicto de los siglos venideros no podría dejar de elevarlo a su lugar apropiado. Incluso más indiferente fue a la falta de riquezas. Para él, el trabajo era su propia recompensa, y el éxito se definía por los resultados del trabajo y no por el beneficio financiero, que en la mayoría de los casos recaía en plagiarios y charlatanes, a expensas de hombres de verdadero valor.”

(…) “Bien predice la revista Moniteur Scientifique (Monitor Científico) que el tiempo hará justicia a sus descubrimientos y que una vez que los actores vivos hayan dejado el escenario y el juicio imparcial haya entrado en juego, el genio de Béchamp se revelará al mundo.

Enseñó aquello que era maravilloso y complejo, como los son todas las obras de la Naturaleza, y la ignorancia pública, por el contrario, trató de aferrarse a lo que era simple y crudo. Pero el error, al llevar dentro de sí el cáncer de la destrucción, se desmorona paulatinamente. 

Ya surge la necesidad de una solución más sensata para las enfermedades que los simples ataques violentos contra los microbios venenosos, y una explicación más completa de los procesos biológicos del crecimiento y la liquidación, de la vida y la muerte.

 ¿Y a quién debería dirigirse el mundo, sino al inspirador de lo que era correcto en la enseñanza de Pasteur, al verdadero revelador del misterio de la fermentación, al exponente del papel de los organismos invisibles, al químico, al naturalista, al biólogo y al médico, profesor Antoine Béchamp?” (8)

___________________

(1)    HUME, Ethel Douglas. ¿BÉCHAMP O PASTEUR? Un Capítulo Perdido en la Historia de la Biología. Basado en un manuscrito del Dr. Montague R. Leverson, M.A., Ph.D. Publicado por primera vez en 1923 y revisado en ediciones posteriores. Pág.36
(2)    PEARSON. R. B. PASTEUR: PLAGIARIO, IMPOSTOR.  (o “el sueño y la mentira de Louis Pasteur”) la teoría de germen refutada. Publicado por primera vez en 1942. Págs. 4-7
(3)    HUME, Ethel Douglas. ¿BÉCHAMP O PASTEUR? Un Capítulo Perdido en la Historia de la Biología. Basado en un manuscrito del Dr. Montague R. Leverson, M.A., Ph.D. Págs. 12-15
(4)    Ibídem. Págs. 19-20
(5)    Ibídem. Págs. 23-24
(6)    Ibídem. Págs. 26-27
(7)    Ibídem. Págs. 28-31
(8)    Ibídem. Págs. 34-36


Puedes acceder a las fuentes, aquí: 

¿BÉCHAMP O PASTEUR? Un Capítulo Perdido en la Historia de la Biología, de Ethel Douglas Hume; basado en un manuscrito del Dr. Montague R. Leverson, M.A., Ph.D. 1923 y con posteriores revisiones).

PASTEUR: PLAGIARIO, IMPOSTOR.  (o “el sueño y la mentira de Louis Pasteur”) la teoría de germen refutada. R. B. PEARSON.  Publicado por primera vez en 1942. 









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