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jueves, 22 de octubre de 2020

 LOS ORÍGENES DEL TOTALITARISMO

Hannah Arendt

 


video completo, aquí: https://www.bitchute.com/video/XNYhPNOzDd1m/

LOS ORÍGENES DEL TOTALITARISMO. Hannah Arendt

LIBRO COMPLETO, AQUÍ



Antes de que los líderes de masas se tomen el poder para hacer encajar la realidad en sus mentiras, su propaganda se halla caracterizada por su extremado desprecio por los hechos como tales, porque en su opinión los hechos dependen enteramente del poder del hombre que pueda fabricarlos.

 

EL TERROR EN LAS DICTADURAS

Una diferencia fundamental entre las dictaduras modernas y todas las tiranías del pasado es la de que en las primeras el terror ya no es empleado como medio de exterminar y atemorizar a los oponentes, sino como instrumento para dominar masas de personas que son perfectamente obedientes. El terror, como hoy lo conocemos, ataca sin provocación previa, y sus víctimas son inocentes incluso desde el punto de vista del perseguidor. 

El terror, sin embargo, es, en la última instancia de su desarrollo, una simple forma de gobierno. Para establecer un régimen totalitario el terror tiene que ser presentado como un instrumento de realización de una ideología específica, y esta ideología debe haberse ganado la adhesión de muchos, de una mayoría, incluso antes de que el terror pueda ser estabilizado. 

 

LA PERVERSIÓN DEL CONCEPTO DE IGUALDAD

La igualdad de condición, aunque es ciertamente un requerimiento básico de la justicia, figura, sin embargo, entre los mayores y más inciertos riesgos de la humanidad moderna. Cuanto más iguales son las condiciones, menos explicaciones hay para las diferencias que existen en la gente; y así, más desiguales se tornan los individuos y los grupos. Esta embarazosa consecuencia se torna completamente evidente cuando la igualdad ya no es considerada en términos de un ser omnipotente, como Dios, o un común destino inevitable, como la muerte. Allí donde la igualdad se torna un hecho mundano en sí misma, sin ninguna regla por la que pueda ser medida o explicada, allí hay también una probabilidad entre cien de que será considerada como principio viable de una organización política en la que personas de otra manera desiguales tienen derechos iguales; hay noventa y nueve probabilidades de que será confundida con una cualidad innata de cada individuo que es «normal» si es como todos los demás y «anormal» si resulta ser diferente. Esta perversión de la igualdad, de un concepto político a un concepto social, es aún mucho más peligrosa cuando una sociedad no deja el más pequeño espacio para los grupos e individuos especiales, porque entonces sus diferencias se tornan aún más conspicuas. 

 

EL HOMBRE - MASA

La característica principal del hombre-masa no es la brutalidad y el atraso, sino su aislamiento y su falta de relaciones sociales normales. 

 

PROPAGANDA Y ADOCTRINAMIENTO EN LOS REGÍMENES TOTALITARIOS

Básicamente hablando, la dominación totalitaria trata de restringir exclusivamente los métodos de la propaganda a su política exterior o a los sectores del movimiento en el exterior con el propósito de proporcionarles un material adecuado. Allí donde el adoctrinamiento totalitario en el interior llega a estar en conflicto con la línea de propaganda para el consumo en el exterior (lo que sucedió en Rusia durante la guerra, no cuando Stalin firmó su alianza con Hitler, sino cuando la guerra con Hitler le llevó al campo de las democracias) la propaganda es explicada en el interior como una «maniobra táctica temporal»6. Tanto como sea posible, esta distinción entre la doctrina ideológica para los iniciados en el movimiento, que ya no necesitan de la propaganda, y la pura propaganda para el mundo exterior queda ya establecida durante la existencia de los movimientos antes de la conquista del poder. La relación entre la propaganda y el adoctrinamiento depende normalmente, por una parte, de las dimensiones de los movimientos y, por otra, de la presión exterior. Cuanto más pequeño sea un movimiento, más energía gastará en la propaganda; cuanto mayor sea sobre los regímenes totalitarios la presión del mundo exterior —una presión que no puede ser enteramente ignorada, incluso tras los telones de acero—, más activamente se lanzarán a la propaganda los dictadores totalitarios. El punto esencial es que las necesidades de la propaganda están siempre dictadas por el mundo exterior y que los mismos movimientos no hacen realmente propaganda, sino que adoctrinan. A la inversa, el adoctrinamiento, emparejado inevitablemente con el terror, aumenta con la fuerza de los movimientos o el aislamiento de los Gobiernos totalitarios y su seguridad ante la intervención exterior.

La propaganda es, desde luego, parte inevitable de la «guerra psicológica», pero el terror lo es más. El terror sigue siendo utilizado por los regímenes totalitarios incluso cuando ya han sido logrados sus objetivos psicológicos: su verdadero horror estriba en que reina sobre una población completamente sometida. Allí donde es llevado a la perfección el dominio del terror, como en los campos de concentración, la propaganda desaparece por completo; quedó incluso enteramente prohibida en la Alemania nazi. La propaganda, en otras palabras, es un instrumento, y posiblemente el más importante, del totalitarismo en sus relaciones con el mundo no totalitario; el terror, al contrario, constituye la verdadera esencia de su forma de Gobierno. Su existencia depende tan poco de los factores psicológicos o de otros factores subjetivos como la existencia de las leyes depende en un país gobernado constitucionalmente del número de personas que las violan. 

 

CIENTIFISMO Y TOTALITARISMO

La obsesión de los movimientos totalitarios por las pruebas «científicas» cesa sólo cuando llegan al poder. Los nazis prescindieron incluso de aquellos investigadores que estaban dispuestos a servirles, y los bolcheviques emplearon la reputación de sus hombres de ciencia con fines enteramente anticientíficos y les obligaron a desempeñar el papel de charlatanes. 

La propaganda totalitaria elevó al cientifismo ideológico y. a su técnica de formulación de afirmaciones en forma de predicciones a una altura de eficiencia de método y de absurdo de contenido porque, demagógicamente hablando, difícilmente hay mejor manera de evitar una discusión que la de liberar a un argumento del control del presente, asegurando que sólo el futuro puede revelar sus méritos. Sin embargo, las ideologías totalitarias no inventaron este procedimiento ni fueron las únicas en utilizarlo. El cientifismo de la propaganda de masas ha sido tan universalmente empleado en la política moderna que ha llegado a ser interpretado como un signo más general de la obsesión por la ciencia que caracterizó al mundo occidental desde el desarollo de las Matemáticas y de la Física en el siglo XVI; de esta forma, el totalitarismo parece ser exclusivamente la última fase de un proceso durante el cual la «ciencia (se ha convertido) en un ídolo que curará mágicamente todos los males de la existencia y que transformará la naturaleza del hombre»12. Y existía, desde luego, una primera relación entre el cientifismo y el desarrollo de las masas. 

El «cientifismo», en política, todavía presupone que su objetivo es el bienestar humano, un concepto que resulta profundamente extraño al totalitarismo. 

 

LA PROFECÍA COMO MÉTODO DE PROPAGANDA

El efecto propagandístico de la infalibilidad, el sorprendente éxito de presentarse como un simple agente interpretador de fuerzas previsibles, ha impulsado en los dictadores  totalitarios el hábito de anunciar sus intenciones políticas bajo la forma de profecías. El más famoso ejemplo es el anuncio de Hitler al Reichstag alemán en enero de 1939: «Hoy quiero hacer una vez más una profecía: en el caso de que los financieros judíos... lograran de nuevo arrastrar a los pueblos a una guerra mundial, el resultado será... el aniquilamiento de la raza judía en Europa»23. Traducido a un lenguaje no totalitario, esto significaba: «Quiero hacer la guerra y trato de matar a los judíos de Europa.» Similarmente, Stalin, en el célebre discurso de 1930 ante el Comité Central del Partido Comunista (en el que preparó la liquidación física de la derecha del partido y la de los desviacionistas de la izquierda), los describió como representantes de las «clases moribundas» 

Este, como los demás métodos propagandísticos totalitarios, sólo resulta seguro después que los movimientos se han apoderado del poder. Entonces, toda discusión acerca de lo acertado o erróneo de la predicción de un dictador totalitario resulta tan fantástica como discutir con un asesino potencial sobre si su futura víctima está muerta o viva, puesto que matando a la persona en cuestión el asesino puede proporcionar inmediatamente la prueba de la veracidad de su declaración. El único argumento válido en semejantes condiciones consiste en correr inmediatamente en ayuda de la persona cuya muerte ha sido predicha. Antes de que los líderes de masas se apoderen del poder para hacer encajar la realidad en sus mentiras, su propaganda se halla caracterizada por su extremado desprecio por los hechos como tales, porque en su opinión los hechos dependen enteramente del poder del hombre que pueda fabricarlos. 

 

EL PODER DE AISLAMIENTO DE LA PROPAGANDA

La fuerza que posee la propaganda totalitaria —antes de que los movimientos tengan el poder de dejar caer telones de acero para impedir que nadie pueda perturbar con la más nimia realidad la terrible tranquilidad de un mundo totalmente imaginario— descansa en su capacidad de aislar a las masas del mundo real. Los únicos signos que el mundo real todavía ofrece a la comprensión de las masas no integradas y desintegrantes —a las que cada nuevo golpe de mala suerte torna aún más incrédulas— son, por así decirlo, sus lagunas, las cuestiones que no se atreve a discutir públicamente o los rumores que no osa contradecir porque afectan, aunque en una forma exagerada y deformada, las zonas llagadas. De estas zonas llagadas derivan las mentiras de la propaganda totalitaria los elementos de veracidad y de experiencia real que necesita para tender un puente entre la realidad y la ficción. 

El aislamiento de individuos atomizados no sólo proporciona la masa básica para la dominación totalitaria, sino que afecta a la verdadera cumbre de toda la estructura.  

 

TERROR Y AISLAMIENTO

Se ha observado frecuentemente que el terror puede dominar de forma absoluta sólo a hombres aislados y que, por eso, una de las preocupaciones primarias del comienzo de todos los Gobiernos tiránicos consiste en lograr el aislamiento. El aislamiento puede ser el comienzo del terror; es ciertamente su más fértil terreno; y siempre su resultado. Este aislamiento es, como si dijéramos, pretotalitario. Su característica es la impotencia en cuanto que el poder siempre procede de hombres que actúan juntos, «actuando concertadamente» (Burke); por definición, los hombres aislados carecen de poder.

El aislamiento y la impotencia, es decir, la incapacidad fundamental para actuar, son siempre característicos de las tiranías. Los contactos políticos entre los hombres quedan cortados en el Gobierno tiránico y frustradas las capacidades humanas para la acción y para el poder. Pero no todos los contactos entre los hombres quedan rotos ni destruidas todas las capacidades humanas.

Toda la esfera de la vida privada, con las capacidades para la experiencia, la fabricación y el pensamiento, quedan intactas. Sabemos que el anillo de hierro del terror total no deja espacio para semejante vida privada y que la autocoacción de la lógica totalitaria destruye la capacidad del hombre para la experiencia y el pensamiento tan seguramente como su capacidad para la acción. Lo que llamamos aislamiento en la vida política se llama soledad en la esfera de las relaciones  sociales. El aislamiento y la soledad no son lo mismo. Yo puedo estar aislado: es decir, hallarme en una situación en la que no pueda actuar porque no hay nadie que actúe conmigo, sin estar solo; y puedo estar solo: es decir, en una situación en la que yo, como persona, me siento abandonado de toda compañía humana, sin hallarme aislado.

El aislamiento es ese callejón sin salida al que son empujados los hombres cuando es destruida la esfera política de sus vidas, donde actúan juntamente en la prosecución de un interés común. Sin embargo, el aislamiento, aunque destructor del poder y de la capacidad para la acción, no sólo deja intactas todas las llamadas actividades productoras del hombre, sino que incluso se requiere para éstas. El hombre, en cuanto homo faber, tiende a aislarse con su obra, es decir, a abandonar temporalmente el terreno de la política. La fabricación (poiesis, la elaboración de cosas), como diferenciada de la acción (praxis), por una parte, y del puro trabajo, por otra, es realizada siempre en un cierto aislamiento de las preocupaciones comunes, tanto si el resultado es una muestra de pericia manual como una obra de arte.

En el aislamiento, el hombre permanece en contacto con el mundo como artífice humano; sólo cuando es destruida la más elemental forma de creatividad humana, que es la capacidad de añadir algo propio al mundo común, el aislamiento se torna inmediatamente insoportable. Esto puede suceder en un mundo cuyos principales valores sean dictados por el trabajo, es decir, donde todas las actividades humanas hayan sido transformadas en trabajo. Bajo semejantes condiciones sólo queda el puro esfuerzo del trabajo, que es el esfuerzo por mantenerse vivo, y se halla rota la relación con el mundo como artificio humano. El hombre aislado, que ha perdido su lugar en el terreno político de la acción, es abandonado también por el mundo. Ya no es reconocido como un homo faber, sino tratado como un animal laborans cuyo necesario «metabolismo con la Naturaleza» no preocupa a nadie. Entonces el aislamiento se torna soledad.

La tiranía basada en el aislamiento deja generalmente intactas las capacidades productoras del hombre; una tiranía sobre «trabajadores», sin embargo, como, por ejemplo, la dominación sobre los esclavos en la antigüedad, sería automáticamente una dominación sobre hombres solitarios y no solamente aislados y tendería a ser totalitaria.

 

AISLAMIENTO Y SOLEDAD

Mientras que el aislamiento corresponde sólo al terreno político de la vida, la soledad corresponde a la vida humana en conjunto. Los Gobiernos totalitarios, como todas las tiranías, no podrían ciertamente existir sin destruir el terreno público de la vida, es decir, sin destruir, aislando a los hombres, sus capacidades políticas. Pero la dominación totalitaria como forma de gobierno resulta nueva en cuanto que no se contenta con este aislamiento y destruye también la vida privada. Se basa ella misma en la soledad, en la experiencia de no pertenecer en absoluto al mundo, que figura entre las experiencias más radicales y desesperadas del hombre. La soledad, el terreno propio del terror, la esencia del Gobierno totalitario, y para la ideología o la lógica, la preparación de ejecutores y víctimas, está estrechamente relacionada con el desarraigamiento y la superfluidad, que han sido el azote de las masas modernas desde el comienzo de la revolución industrial y que se agudizaron con el auge del imperialismo a finales del siglo pasado y la ruptura de las instituciones políticas y de las tradiciones sociales en nuestro propio tiempo.

Estar desarraigado significa no tener en el mundo un lugar reconocido y garantizado por los demás; ser superfluo significa no pertenecer en absoluto al mundo. El desarraigamiento puede ser la condición preliminar de la superfluidad, de la misma manera que el aislamiento puede ser (aunque no lo sea forzosamente) la condición preliminar de la soledad. Considerada en sí misma, sin consideración a sus recientes causas históricas y a su nuevo papel en política, la soledad es al mismo tiempo contraria a los requerimientos básicos de la condición humana y una de las experiencias fundamentales de cada vida humana. Incluso la experiencia del mundo material y sensualmente dado depende de este hallarse en contacto con otros hombres, de nuestro sentido común, que regula y controla todos los demás sentidos y sin el cual cada uno de nosotros quedaría encerrado en su propia particularidad de datos sensibles que en sí mismos son inestables y traicioneros. Sólo porque tenemos sentido común, es decir, sólo porque la Tierra no está habitada por un hombre, sino por los hombres, podemos confiar en nuestra inmediata experiencia sensible. Sin embargo, hemos de recordarnos a nosotros mismos que un día dejaremos este mundo común, que seguirá como antes y para cuya continuidad resultamos superfluos, si es que queremos comprender la soledad, la experiencia de ser abandonados por todo y por todos.

La soledad no es la vida solitaria. La vida solitaria requiere estar solo, mientras que la soledad se revela más agudamente en compañía de los demás. Aparte de algunas erradas observaciones (usualmente enmarcadas en un estilo paradójico como la afirmación de Catón, citada por Cicerón, De Re Publica, I, 17: Nunquam minus solum esse quam cum solus esset, «Nunca estaba menos solo que cuando estaba solo», o, más bien, «Nunca estuvo menos solitario que cuando llevaba una vida solitaria»), parece que Epicteto, el esclavo emancipado, filósofo de origen griego, fue el primero en distinguir entre la soledad y la vida solitaria. Su descubrimiento, en cierta manera, fue accidental; lo que le interesaba principalmente no era la vida solitaria ni la soledad, sino estar solos (monos) en el sentido de independencia absoluta. Como Epicteto le ve (Dissertationes, libro, III, capítulo 13), el hombre retraído (eremos) se encuentra rodeado por otros con los que no puede establecer contacto o a cuya hostilidad está expuesto. El hombre solitario, por el contrario, está solo, y por eso «puede estar unido consigo mismo», dado que los hombres tienen la capacidad de «hablar con ellos mismos».

En la vida solitaria, en otras palabras, yo soy «por mí mismo», junto con mi yo, y por eso somos dos en uno, mientras que en la soledad yo soy realmente uno, abandonado de todos los demás. Todo pensamiento, estrictamente hablando, es elaborado en la vida solitaria entre yo y mi yo mismo; pero este diálogo de dos en uno no pierde contacto con el mundo de mis semejantes, porque está representado en el yo con el que dialogo. El problema de la vida solitaria es que este dos en uno necesita de los demás para convertirse en uno de nuevo: un individuo incambiable cuya identidad no puede ser confundida con la de ningún otro. Para la confirmación de mi identidad, yo dependo enteramente de otras personas; y esta gran gracia salvadora de la compañía para los hombres solitarios es la que les convierte de nuevo en un «conjunto», les salva del diálogo del pensamiento en el que uno permanece siempre equívoco y restaura la identidad que les hace hablar con la voz singular de una persona incambiable.

La vida solitaria puede convertirse en soledad; esto sucede cuando yo mismo soy abandonado por mi propio yo. Los hombres solitarios siempre han experimentado el peligro de la soledad cuando ya no pueden hallar la gracia redentora de la compañía para salvarles de la dualidad, del equívoco y de la duda. Históricamente, parece como si este peligro sólo en el siglo XIX se hubiera tornado lo suficientemente grande como para ser advertido por los demás y señalado por la Historia. Se reveló claramente por sí mismo cuando los filósofos, sólo para quienes la vida solitaria es un estilo de vida y una condición de trabajo, ya no se contentaron con el hecho de que la «filosofía es solamente para unos pocos» y comenzaron a insistir en que nadie les «comprendía». Característica al respecto es la anécdota de Hegel en su lecho de muerte, que difícilmente hubiera podido decirse de cualquier otro gran filósofo anterior: «Nadie me ha entendido, excepto uno; y él también me entendió mal.» De la misma manera, siempre existe la posibilidad de que un hombre retraído se encuentre a sí mismo y comience el diálogo pensante de la soledad. Esto es lo que, al parecer, sucedió a Nietzsche en Sils Maria cuando concibió Zarathustra. En dos poemas («Sils Maria» y «Aus hohen Bergen») habla de su vacía espera y del anhelo expectante del solitario hasta que de repente: um Mittag war’s, da wurde Eins zu Zwei... / Nun feiern wir, vereinten Siegs gewiss, / das Fest der Feste; / Freund Zarathustra kam, der Gast der Gäste! («Era mediodía, cuando Uno se convirtió en Dos... / seguros de la victoria, unidos celebramos la fiesta de las fiestas; / llegó el amigo Zarathustra, el invitado de los invitados»).

 Lo que torna tan insoportable la soledad es la pérdida del propio yo, que puede realizarse en la vida solitaria, pero que sólo puede quedar confirmado en su identidad en la fiable compañía de mis iguales. En esta situación el hombre pierde la confianza en sí mismo como compañero de sus pensamientos y esa elemental confianza en el mundo que se necesita para realizar experiencias. El yo y el mundo, la capacidad para el pensamiento y la experiencia, se pierden al mismo tiempo.

La única capacidad de la mente humana que no precisa ni del yo ni del otro ni del mundo para funcionar con seguridad y que es independiente de la experiencia como lo es del pensamiento es la capacidad de razonamiento lógico cuya premisa es lo evidente por sí mismo. Las normas elementales de la evidencia convincente, la verdad de que dos y dos son cuatro, no pueden ser pervertidas ni siquiera por las condiciones de la soledad absoluta. Esta es la única «verdad» fidedigna en la que pueden apoyarse los seres humanos una vez que han perdido su garantía mutua, el sentido común, lo que los hombres necesitan para experimentar y vivir y conocer su camino en un mundo común. Pero esta «verdad» se halla vacía, o más bien no es una verdad en absoluto, porque no revela nada (definir la consistencia como verdad, tal como hacen algunos modernos lógicos. significa nevar la existencia de la verdad).

Por eso, baso las condiciones de la soledad, lo evidente por sí mismo ya no es simplemente un medio del intelecto y comienza a ser productivo, a desarrollar sus propias líneas de «pensamiento». Que el proceso de pensamiento caracterizado por la estricta lógica de lo evidente por sí mismo, del que aparentemente no hay escape, tiene alguna conexión con la soledad, fue ya advertido por Lutero (cuyas experiencias en los fenómenos de la vida solitaria y de la soledad probablemente no han sido superados por nadie, y quien una vez se atrevió a decir que «tiene que haber un Dios, porque el hombre necesita un ser en quien pueda confiar») en un comentario poco conocido sobre las palabras de la Biblia «no es bueno que el hombre esté solo»: Un hombre solitario, dice Lutero, «siempre deduce una cosa de otra y piensa en todo hasta llegar a lo peor». El famoso extremismo de los movimientos totalitarios, lejos de tener nada que ver con el verdadero radicalismo, consiste, desde luego, en este «pensar en todo hasta llegar a lo peor», en este proceso deductivo que siempre llega a las peores conclusiones posibles.

 Lo que prepara a los hombres para la dominación totalitaria en el mundo no totalitario es el hecho de que la soledad, antaño una experiencia liminal habitualmente sufrida en ciertas condiciones sociales marginales como la vejez, se ha convertido en una experiencia cotidiana de crecientes masas de nuestro siglo. El proceso implacable por el que el totalitarismo impulsa y organiza a las masas parece como un escape suicida a esta realidad. El «frío razonamiento» y el «poderoso tentáculo» de la dialéctica que se apoderan de uno como una garra parece como el último asidero en un mundo donde nadie es fiable y en donde no puede confiarse en nada. Es esta íntima coacción, cuyo único contenido estriba en la estricta evitación de contradicciones, la que parece confirmar la identidad de un hombre al margen de todas las relaciones con los demás. Le encaja en el anillo de hierro del terror incluso cuando ya no está solo, y la dominación totalitaria nunca trata de dejarle solo excepto en la extremada situación de un confinamiento solitario.

Destruyendo todo el espacio entre los hombres y oprimiendo a unos contra otros, incluso quedan liquidadas las potencialidades productivas del aislamiento; enseñando y glorificando el razonamiento lógico de la soledad, donde el hombre sabe que estará profundamente perdido si llega a apartarse de la primera premisa de la que parte todo el proceso, quedan esfumadas incluso las más ligeras posibilidades de que la soledad pueda transformarse en vida solitaria y la lógica en pensamiento. Si se compara a esta práctica con la de la tiranía, parece como si se hubiera hallado un medio de poner al mismo desierto en marcha, para desencadenar una tormenta de arena que cubra todas las partes del mundo habitado.

Las condiciones bajo las cuales existimos hoy en el campo de la política se hallan, desde luego, amenazadas por estas devastadoras tormentas de arena. Su peligro no es que puedan establecer un mundo permanente. La dominación totalitaria, como la tiranía, porta los gérmenes de su propia destrucción. De la misma manera que el miedo y la impotencia de la que surge el miedo son principios antipolíticos y lanzan a los hombres a una situación contraria a la acción política, así la soledad y la deducción lógico-ideológica de lo peor que procede de ella representa una situación antisocial y alberga un principio destructivo para toda la vida humana en común. Sin embargo, la soledad organizada es considerablemente más peligrosa que la impotencia inorganizada de todos aquellos que son regidos por la voluntad tiránica y arbitraria de un solo hombre. Su peligro estriba en que amenaza asolar al mundo tal como nosotros lo conocemos —un mundo que en todas partes parece haber llegado a un final— antes de que un nuevo comienzo surja de ese final y tenga tiempo para afirmarse por sí mismo.

Al margen de tales consideraciones --que como predicciones son de escasa utilidad y de menor consuelo— queda el hecho de que la crisis de nuestro tiempo y su experiencia central han producido una forma enteramente nueva de gobierno que, como potencialidad y como peligro siempre presente, es muy probable que permanezca con nosotros a partir de ahora, de la misma manera que las demás formas de gobierno que surgieron en diferentes momentos históricos y basadas en experiencias fundamentalmente diferentes, han permanecido con la Humanidad al margen de sus derrotas temporales —monarquías, repúblicas, tiranías, dictaduras y despotismo.

 Pero también permanece la verdad de que cada final en la Historia contiene necesariamente un nuevo comienzo: este comienzo es la promesa, el único «mensaje» que le es dado producir al final. El comienzo, antes de convertirse en un acontecimiento histórico, es la suprema capacidad del hombre; políticamente, se identifica con la libertad del hombre. Initium ut esset homo creatus est («para que un comienzo se hiciera fue creado el hombre»), dice Agustín5. Este comienzo es garantizado por cada nuevo nacimiento; este comienzo es, desde luego, cada hombre.


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miércoles, 14 de octubre de 2020

NEURÓLOGA ALEMANA ADVIERTE CONTRA EL USO DE MASCARILLAS: 'LA PRIVACIÓN DE OXÍGENO CAUSA DAÑO NEUROLÓGICO PERMANENTE'

 



Video completo, aquí: https://www.bitchute.com/video/Zp9EcqAwKwWs/

 

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=pd22FGeuyog&t=1053s

Esta es una de las publicaciones más importantes que he hecho, así que léala. He escrito una transcripción de algunos aspectos destacados del reciente y extremadamente apremiante mensaje de video de la Dra. Margarite Griesz-Brisson, que fue traducido del alemán al inglés por Claudia Stauber.

La Dra. Margarite Griesz-Brisson MD, PhD es Neuróloga Consultora y Neurofisióloga con un Doctorado en Farmacología, con especial interés en neurotoxicología, medicina ambiental, neuroregeneración y neuroplasticidad. Esto es lo que tiene que decir sobre las mascarillas y sus efectos en nuestro cerebro:

" Hola! Este es mi primer video, y aún a riesgo de avergonzarme, haré este videoeste video.  No soy una gran oradora, pero miro a las personas en los ojos y si sonríen, sé que han comprendido. Esto funciona en cualquier idioma, y con cualquier acento. Mi nombre es Margarita Griesz-Brisson. Soy neuróloga con práctica en Müllheim, Alemania, y práctica como neuróloga en Londres.

Sigo con preocupación creciente los eventos en Alemania y el mundo entero. Corona, resultó ser una gripe moderada, y las medidas, una catástrofe absoluta, en todos los niveles. El diablo de la gripe viene el próximo invierno. Pero no tengan pánico. Los americanos dicen “se necesitan dos para bailar un tango”. Esto quiere decir que bailar tango se necesitan dos. Para una infección se necesitan dos: un patógeno y un huésped.  Cuando el huésped es fuerte, puede pasar por alto al patógeno.

La salud -o nuestra salud, está en gran parte en nuestras manos. Con buena alimentación, suficiente/buena agua, mucho ejercicio, igualmente alegría, amigos, amor, y mucho, mucho aire fresco, podemos fortalecer nuestro sistema inmune.

Hay que destacar algo: justo esto, nos prohibe el gobierno. ¿Y qué nos recomienda? Desinfección de manos, distancia y boca y nariz cubiertos. En poco tiempo, se han lanzado al mercado desinfectantes de manos en cantidades enormes, sin control, y productos sin probar.

Los grados de alergias, y enfermedades de la piel, reacciones inmunes, exemas, no los podemos imaginar. El distanciamiento es la mayor brutalidad del desprecio humano y de una crueldad insuperable, y seguramente no tiene ningún precedente en la historia de la humanidad.

Y el popular cubrimiento de nariz y boca. Una persona puede vivir sin comer por semanas; sin beber agua, por días; pero sólo minutos sin oxígeno.

La reinhalación de nuestro aire exhalado sin duda creará una deficiencia de oxígeno y una inundación de dióxido de carbono. Sabemos que el cerebro humano es muy sensible a la privación de oxígeno. Hay células nerviosas, por ejemplo, en el hipocampo que no pueden estar más de 3 minutos sin oxígeno, no pueden sobrevivir.

Los síntomas agudos de alerta son dolores de cabeza, somnolencia, mareos, problemas de concentración, disminución del tiempo de reacción: reacciones del sistema cognitivo.

Sin embargo, cuando tienes una privación crónica de oxígeno, todos esos síntomas desaparecen, porque te acostumbras. Pero su eficiencia seguirá disminuyendo y el suministro insuficiente de oxígeno en su cerebro continúa progresando.

Sabemos que las enfermedades neurodegenerativas tardan años o décadas en desarrollarse. Si hoy olvida su número de teléfono, el colapso en su cerebro ya habría comenzado hace 20 o 30 años.

Mientras piensa que se ha acostumbrado a usar su máscara y a respirar su propio aire exhalado, los procesos degenerativos en su cerebro se amplifican a medida que continúa su falta de oxígeno.

El segundo problema es que las células nerviosas de su cerebro no pueden dividirse normalmente. Entonces, en caso de que en unos meses nuestros gobiernos nos permitieran, generosamente, respirar oxígeno, las células nerviosas perdidas ya no se regenerarán. Lo que se fue, se fue.

Esto es especialmente importante para las personas con miedo, que creen realmente que con la máscara se pueden proteger del virus.  Este virus tiene un tamaño de casi 0,08 micrómetros. Los poros que tienen las máscaras tienen un tamaño de 80 a 500 micrómetros, y con cada lavado se hacen más grandes. Una máscara común no protege de ningún virus.

No llevo máscara, necesito mi cerebro para pensar. Quiero tratar a mis pacientes con la cabeza despejada y el entendimiento claro, y no estar bajo una narcosis inducida por dióxido de carbono.

En Londres, al menos provisionalmente, la comunidad médica lo ha aceptado y respetado, sin comentarios. En mi querida Alemania, mientras tanto, cada piloto, cada vendedor, cada peatón, cada vecino promueve la supervisión del uso de la máscara, se la autoimpone o le ha sido impuesta. Los pilotos de Lufthansa sacan del avión a las personas que no llevan máscara. No podrían sobrevivir un vuelo. Me ha pasado.  La mañana siguiente, British Airways, no me pidió llevar máscara.  Llegué viva a Londres.

Quizá recuerden que hace meses, un hombre negro fue asesinado por un policía en plena calle. El hombre decía: “No puedo respirar”, y el policía presionaba más fuerte. Hoy, la población (alemana) dice “no podemos respirar”, y nuestra canciller les dice: “150 euros de multa.

Como neuróloga, debo decir explícitamente que, cada persona que lo desee tiene el derecho a una exención médica de la máscara. No existen certificados médico infundados, incorrectos o peligrosos porque la falta de oxígeno perjudica a todos los cerebros. Debe ser libre decisión de cada ser humano si quiere aceptar la falta de oxígeno en su cerebro o si se quiere proteger de un virus con una máscara que es absolutamente ineficaz.

Para niños y adolescentes, las máscaras son un absoluto no-no. Los niños y adolescentes tienen un sistema inmunológico extremadamente activo y adaptativo y necesitan una interacción constante con el microbioma de la Tierra. Su cerebro también es increíblemente activo, ya que tiene mucho que aprender. El cerebro del niño, o el cerebro del joven, está sediento de oxígeno. Cuanto más metabólicamente activo es el órgano, más oxígeno necesita. En niños y adolescentes, todos los órganos son metabólicamente activos.

Privar de oxígeno al cerebro de un niño o adolescente, o restringirlo de cualquier forma, no solo es peligroso para su salud, es absolutamente criminal. La deficiencia de oxígeno inhibe el desarrollo del cerebro y el daño que ha tenido lugar como resultado NO PUEDE revertirse.

El niño necesita que el cerebro aprenda y el cerebro necesita oxígeno para funcionar. No necesitamos un estudio clínico para eso. Esta es la fisiología simple e indiscutible. La deficiencia de oxígeno inducida consciente y deliberadamente es un peligro real para la salud absolutamente intencional y una contraindicación médica absoluta.

Una contraindicación médica absoluta en medicina significa que este medicamento, este método, esta terapia, o medida no debe usarse. Para coaccionar a toda una población a utilizar por la fuerza una contraindicación médica absoluta, debe haber razones definidas y serias para ello, y las razones deben ser presentadas a comités y autoridades interdisciplinarios e independientes, deben ser revisados para ser aprobados por unanimidad.

Cuando, en diez años, la demencia vaya a aumentar exponencialmente y las generaciones más jóvenes no puedan alcanzar su potencial dado por Dios, no ayudará decir "no necesitamos las máscaras".

¿Qué pasa con las benditas vacunas? La sr. Merkel dice: la pandemia terminará cuando haya una vacuna efectiva. Sra Merkel: ¿qué sabe ud. de virus y de vacunas? ¿ya ha visto a los ojos de los padres que tiene un niño discapacitado, y que tienen imágenes de cómo lucía el niño antes de la vacuna? No. No lo ha hecho.  Los doctores vemos esas imágenes todo el tiempo, y no hay nada en este mundo que podamos hacer para devolverles a su hijo. ¿Tiene idea del dolor de por vida que esto significa para los padres? Sr. Merkel, una vacuna no es un ganso de navidad, que se pide en pascua y es entregado en navidad. Por favor, deje la salud de la gente en manos de los médicos.

¿Cómo pueden un veterinario, un distribuidor de software, un empresario, un vendedor, un fabricante de coches eléctricos y un físico decidir sobre cuestiones relativas a la salud de toda la población? Por favor, queridos colegas, todos tenemos que -crecer- despertar -quizá también debamos crecer.

Sé lo dañina que es la falta de oxígeno para el cerebro, los cardiólogos saben lo dañina que es para el corazón, los neumólogos saben lo dañina que es para los pulmones. La privación de oxígeno daña todos los órganos.

¿Dónde están nuestros departamentos de salud, nuestro seguro médico, nuestras autoridades médicas, nuestras juntas médicas? Habría sido su deber desde el principio, oponerse a este sinsentido con determinación y detenerlo.

¿Por qué las juntas médicas imponen castigos a los médicos que otorgan exenciones a las personas? ¿Tiene la persona o el médico que demostrar seriamente que la falta de oxígeno perjudica a las personas? ¿Qué tipo de medicina representan nuestros médicos y asociaciones médicas?

La falta inicial de evidencias de la eficacia de estas medidas ha dejado en evidencia la inoperancia y ha resultado ineficaz. Y, sin embargo, la decisión se sostiene?

¿Quién es responsable de este crimen? ¿Los que quieren hacerlo cumplir? ¿Los que dejan que suceda y siguen el juego, o los que no lo evitan?

Despierta, Alemania. No se trata de máscaras, no se trata de virus, y ciertamente no se trata de tu salud. Se trata de mucho más. No participo. No tengo miedo, sr. Merkel. Vengo de Rumania. Sobreviví a Ceaușescu.

Antes de mi salida de la República federal, era invitada permanente de la policía rumana.  Llevaba gafas de sol incluso si llovía, para que nadie pudiera ver mis ojos llorosos. Entonces, tenía miedo. Era joven. Quería vivir. Y cuando llegué a Alemania, debía detenerme en la calle muchas veces, porque no podía con tanta felicidad: “Estoy en Alemania. Soy libre!”. Este sentimiento sólo lo conoce alguien que no ha sido libre. Hoy ya no tengo miedo. Tengo una vida maravillosa y completa. Estudié medicina, hice mi año de práctica en Hawai; mi especialización en Nueva York. Y todo lo que hoy tengo y soy, se lo agradezco a Alemania.

Hoy, cuando voy a las manifestaciones, voy en nombre de los que hoy son jóvenes y quizá tienen miedo, como yo entonces.

Quiero decir algo más: la dictadura del proletariado en todo su horror, nos dio educación gratuita, trabajo, seguridad social, y pensión asegurada. Por favor, no se ilusionen con que la dictadura financiera que es inminente, les ofrecerá algo remotamente parecido.

Como pueden notar, ya están tomando nuestro aire para respirar. El imperativo de la hora es la responsabilidad personal. Somos responsables de lo que pensamos, no los medios. Somos responsables de lo que hacemos, no nuestros jefes. Somos responsables de nuestra salud, no la Organización Mundial de la Salud. Y somos responsables de lo que sucede en nuestro país, no el gobierno ".

Despierta, Alemania.  Eres un país tan maravilloso! Una gente tan maravillosa!

 

Gracias.


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